martes, 12 de abril de 2016

PROFESORADO YOGA INFANTIL EN ALALBA





La educación se está convirtiendo en un problema cada vez más complicado. Se agravan los casos de niños que se resisten a interactuar con su entorno, que muestran actitudes de timidez o de apatía, niños con poca seguridad en sus relaciones, o que reaccionan agresivamente para conseguir atención o adueñarse de objetos.
Y a pesar de tantas cosas materiales con que se ha colmado a los niños de los países avanzados, da la impresión de que aun así las necesidades no logran satisfacerse.
Pudiera ser que el origen de estos problemas se hallara en el hecho de que nada ni nadie puede sustituir la satisfacción de las necesidades fundamentales humanas. Se trata de necesidades que niños y adultos tienen en común. Al darnos cuenta de que no podemos satisfacerlas, buscamos toda clase de compensaciones.
Hay varios modos de conseguir dichas compensaciones: con programas y controles cuya intención es regular y dominar el mundo externo que se nos presenta lleno de incertidumbres y peligros. Al mismo tiempo reforzamos los mecanismos de defensa con los que la Naturaleza nos ha equipado para protegernos. Como consecuencia de ello, en nuestra vida cotidiana, ya no nos acercamos a las situaciones sensiblemente, sino que, o bien nos anticipamos a ellas con prejuicios, o bien reaccionamos tardíamente cuando el momento propicio para actuar ya ha pasado.
Vistos desde esta perspectiva, los problemas disciplinarios en la escuela y en la casa son una respuesta y una resultante autodefensa contra nuestros hábitos de controlar y programar a otras personas. En efecto, vienen a ser la prueba de que nos hemos alejado del plan interno de un auténtico desarrollo humano, el cual incluye el potencial de crear relaciones humanas fluidas y armónicas. De ahí nace la problemática de que, en vez de poner límites, interferimos en la actividad del otro, condicionándolo en lugar de favorecer su desarrollo.
Así, la llamada “educación” se compara con la tarea, laboriosa y artificial, de  producir “bonsáis” y, aunque produzca resultados atractivos, no logra satisfacer las necesidades vitales de un proceso que tiene su analogía en la agricultura: los cultivos con químicos producen frutos vistosos, pero los orgánicos proporcionan comida sana y rica en elementos nutritivos.
Tampoco, en los establecimientos educativos, tienen la cautela de contemplar las etapas del desarrollo y apenas los niños entran en la etapa de estructuración del cerebro nuevo (límbico), que requiere largos años de desarrollo para poder servir al pensamiento abstracto, ya se ejerce presión sobre este instrumento incompleto y se le exige que demuestre su resistencia. En esta etapa de su desarrollo los niños son examinados, criticados o exhibidos al público. Frente a estas presiones, ellos reaccionan de diversas maneras: los “buenos y aplicados” se esmeran para no decepcionarnos. Se dedican a aprender de memoria y a recitar lo aprendido. No les resulta difícil adivinar nuestros deseos y, por ende, reciben aplausos por ser tan “despiertos”. Otros se arman con “espinas” para defenderse, y otros se repliegan sobre sí mismos y se “hacen los muertos”. Estos últimos son los catalogados como “niños problemáticos”. Algunos encuentran maneras de vivir una doble vida. Dependiendo de las circunstancias, se abren o se cierran como las conchas del mar. Los llamaríamos “los de un talento especializado”. Si tienen suerte, logran no perder el contacto con el mundo real y vital y llegan a hacer su propio camino.
Y aquí es donde el yoga infantil puede ser de gran ayuda. Tanto para incorporarlo en las escuelas como en los hogares o espacios privados. La educación tradicional ha olvidado incluir en sus programas de enseñanza una visión unitaria del ser, ha dejado huérfanos a los niños de estar en contacto con su faceta espiritual y ha limitado gravemente las posibilidades de hacer que sus vidas adquieran un sentido vital y pleno de significado.
Yoga infantil nace con el anhelo de unificar esta fragmentación en el sistema educativo. Reconoce a los niños en sus aspectos físicos, mentales y espirituales y aporta el núcleo unificador para una vida integra y armoniosa, respetando al mismo tiempo las características individuales de los pequeños. A través de técnicas sencillas y de juegos placenteros, yoga surge también para llevarles de vuelta a casa y que puedan disfrutar toda su vida del ser de luz, alegría y amor que es su auténtica naturaleza.

Para nosotras es maravilloso poder compartir con todos este curso que es un auténtico regalo para nuestros niños y nuestras niñas. Nos encanta formar en esta enseñanza y aventura para que florezca un nuevo mundo. Os esperamos con la misma ilusión que cuando empezamos hace ya cinco años ¡seguimos navegando en esta gran aventura que es el yoga infantil!
 Bienvenid@s , os estábamos esperando!!!!
Comenzamos el próximo sábado 23 de Abril ¡reserva tu plaza!



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